Junio 06, 2004

UN PASEO POR EL DICCIONARIO

Cuando la indignacion nos sacude (o cualquier emoción violenta que pueda derivar en agresividad), no hay mejor calmante que el diccionario: lo recomiendo a todos los que puedan encontrarse en semejante situación, pero a quienes la más elemental prudencia aconseja mantener la cabeza fría.

Es así como al presentarse el asunto de las llamadas "cédulas clonadas" el pobre señor Carrasquero, que no encuentra cómo justificar su sueldo y su anhelado pase a magistrado del nuevo TSJ ultrachavista, abandonó su triste papel de amanuense de Jorge Rodríguez para comenzar a berrear, como un caprino, que estaba en proceso un fraude "bajo la égida" de las cédulas clonadas y que eso iba a retrasar la convocatoria del revocatorio.

UNA OPOSICION INTELIGENTE. Según el DRAE, "égida" era la piel de un macho cabrío cuyos cuernos servían de corona y el resto de capa a la diosa Minerva. Al decir esto, Carrasquero estaba acusando a los miembros de la oposición de ser inteligentes (Minerva era la diosa de la sabiduría); pero a la vez, indignado hasta el colmo de perder su disfraz de neutralidad, los llamó "cabrones". Sin embargo, es de dudar que el homúnculo lo supiese: nadie se imagina visitando diccionarios al hombre del ¿íbanos¿, del "estábanos", de la "tramparencia".
Pero dejemos al pobre diablo y apuntemos un poco más arriba, a la Vicepresidencia de la República "boviana" (por Boves, suele aclarar Paco Vera Izquierdo). Por respeto a mis lectores, no voy a repetir aquí la palabra empleada por el antiguo traductor de los "¡Atención, jirmmm!" del teniente coronel. Por lo demás, tanto el DRAE como el diccionario de María Moliner pasan con dignidad académica y púdico silencio por encima del término "malsonante". Pero en cambio, la Enciclopedia del Idioma de Martín Alonso, lo define como "acto de realizar el coito".

EL MAESTRO FREUD. Estamos así saliendo del diccionario de la lengua para entrar en una enciclopedia de la sexualidad en cuyo trono se alza como señor de horca y cuchillo el maestro Sigmund Freud. Pero antes de entrar allí, no podemos dejar de constatar el camino recorrido desde cuando el recién entronizado presidente Chávez se indignaba con Teodoro Petkoff por haber incluido en un titular la ya hoy nada obscena palabra "vaina": "¡No se dan cuenta de que eso lo pueden leer los niños!" clamaba el padre de Rosinés. Pero hoy le permite decir a su visir lo que dijo, sin preocuparse siquiera de que a lo mejor ya Rosinés sabe leer.
Hace algún tiempo reprochábamos a Chávez que la suya no era la lengua de un Presidente sino de un portero de burdel. Rangel piensa que Chávez, de ser revocado, lo dejaría a él en la Silla, a condición de imitar al pie de la letra sus modas y sus modos. He aquí entonces a Rangel en su portería.

COMO LOS CURSIS. Pero volvamos al verbo empleado por Rangel: el tal quiere decir, pues, copular, unir carnalmente a un hombre y a una mujer (bueno, en principio), hacer el amor, como dicen los cursis, etc. ¿Nos estamos entendiendo?
Una vez bajado de la tribuna, Rangel se permitió dar consejos a Jimmy Carter (cuyo Centro ha vigilado unos setenta procesos electorales en todo el mundo) y a César Gaviria, secretario general de la OEA. Les indicó cómo deben comportarse: como los tres monitos, no deben ver, ni oír, ni hablar. En verdad, Rangel introduce un matiz: los observadores deben ver y nada más: ser puros y simples "veedores", o sea, lo que los franceses llaman voyeurs. Por mi parte, con el Freud del subconsciente por delante, yo aconsejaría a los observadores que no desoyeran el consejo de Rangel: les habla la voz de la experiencia.

BATIENDO LA MELENA. Finalizaremos con Jorge Rodríguez, de quien hace algún tiempo sospechábamos que había heredado los comprensibles odios de su padre pero no su intransferible coraje. Después de escucharlo irse, batiendo la melena como su compañera de partido Iris Varela, cuando un periodista lo puso en evidencia como mentiroso; y sus chillidos sobre los "fallecidos" para ocultar su complicidad en un delito electoral, volvemos a Freud: lo suyo se llama histeria.
Yo entiendo que tanto Rodríguez, como Rangel por su parte, están aplastados por la historia de sus padres: al primero lo mataron por revolucionario, al segundo lo condenaron por ladrón, aunque ya es menos comprensible y aceptable que hagan de ese odio una ideología política. Pero en el caso de Jorge Rodríguez, debía también pensar en sus hijos cuando muera "y el día esté lejano": ¿esa es la herencia que piensa dejarles, el de un papá que miente a sabiendas y peor aún se deja cazar en la mentira? El de un papá histérico al punto de competir con la Varela como sosías de Linda Blair, la endemoniada de "El exorcista"?

MANUEL CABALLERO

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Junio 6, 2004 04:18 PM
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